8M: Las científicas también tenemos razones para parar

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8M: Las científicas también tenemos razones para parar2018-03-07T23:15:29+00:00

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Los últimos dos años han sido de intensa movilización y lucha para la comunidad científica argentina, fuertemente golpeada por recortes presupuestarios al sector y por una campaña de deslegitimación orquestada desde el gobierno nacional con apoyo de algunos grupos mediáticos. En ese contexto, las históricas desigualdades entre varones y mujeres hacia dentro del mundo científico adquieren un matiz preocupante. Un ejemplo concreto lo constituyen los despidos injustificados a trabajadores/as del INTI: el 70% de los/as 258 despedidos/as son mujeres. A su vez, si bien dentro de la academia la brecha salarial por género es menor que en otros ámbitos, la preocupante caída del poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras de la ciencia, así como la ausencia de un convenio colectivo de trabajo específicamente para quienes nos desempeñamos en CONICET, han agravado la situación de desventaja de las científicas. Al mismo tiempo, la segregación horizontal y vertical sigue signando nuestras trayectorias. En esa línea, las mujeres – a pesar de nuestros significativos aportes al campo científico y nuestras capacidades – seguimos ocupando un porcentaje marginal de los cargos de dirección de institutos y organismos científicos. En la misma línea, y tomando como ejemplo la carrera de Investigador/a científico/a del CONICET, encontramos que el 60% de los cargos de menor jerarquía son ocupados por mujeres, mientras que sólo el 25% de los cargos de mayor jerarquía (Investigador/a Superior) son detentados por científicas (según los últimos datos públicos disponibles). A su vez, para las científicas que optamos por la maternidad, la situación de desventaja es aún más acuciante: las licencias por maternidad son muy breves, las licencias por paternidad casi inexistentes, no hay guarderías en los lugares de trabajo ni espacios para la lactancia, y la “carrera” (¡vaya término!) se ve fuertemente lesionada. Esto último debido no sólo a estándares de evaluación androcéntricos sino también en función de que el sistema científico organiza sus rutinas y actividades tomando como modelo a seguir una organización machista del uso del tiempo que incluye formas de estar en el lugar de trabajo marcadas por la plena disponibilidad sin considerar el rol preponderante que aún hoy tenemos las mujeres en las tareas de cuidado.

Las desigualdades que nos atraviesan a las científicas no son sólo materiales sino también simbólicas. Así, nuestros aportes al campo científico son menospreciados. Valga al respecto como caso paradigmático, el hecho de que en toda su historia, sólo el 3% de los Premios Nobel han sido otorgados a mujeres. Ello va de la mano con ciertos discursos hegemónicos que nos privan de “autoridad científica”: para nuestra sociedad quienes “saben” son ellos. Además, el lenguaje científico reproduce el androcentrismo lingüístico promulgado por la Real Academia Española: escribimos en masculino invisibilizando no sólo a las mujeres que forman de nuestros estudios, sino a nosotras mismas como autoras. A su vez, los programas de estudios de escuelas y universidades también ocultan nuestros logros: estudiamos a los “grandes hombres”. En consonancia, el estereotipo hegemónico de quien se desempeña en ciencia es el del “científico” varón, y por ello resultan sustanciales las acciones orientadas a revalorizar socialmente los aportes femeninos al campo científico, al tiempo que brindar a niñas y jóvenes otros “modelos” a seguir.

Por último, quisiera enfatizar que las situaciones de violencia machista no son ajenas a las mujeres que hacemos ciencia. Ello incluye no sólo una multiplicidad de violencias simbólicas como las recién detalladas, sino también experiencias concretas de acoso y abuso sexual que son fuertemente silenciadas y disciplinadas al interior de la comunidad científica, y para las cuales aún contamos con escasas herramientas institucionales de defensa y prevención.

Por todas estas razones, las científicas también estamos en pie de lucha y protagonizaremos junto a tantas otras mujeres oprimidas por el poder patriarcal, la jornada histórica del jueves 8 de marzo. Pero nuestra lucha no empieza ni termina allí. Sepan que sabemos lo que valemos y seguiremos organizadas y luchando hasta conseguir que ninguna mujer más se encuentre oprimida, marginada, vulnerada, invisibilizada.

Dra. Débora Imhoff

Investigadora Asistente del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIPsi),
unidad ejecutora de CONICET y UNC

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